El reciente artículo de opinión de Patti Davis sobre vivir con demencia destaca una realidad crucial, que a menudo se pasa por alto: las personas con demencia conservan la conciencia emocional incluso cuando sus capacidades cognitivas disminuyen. Esta idea, de la que se hacen eco tanto los profesionales como los familiares, subraya la importancia de cambiar el enfoque de qué se comunica a cómo se comunica.
La desconexión en las visitas familiares
Muchas familias reducen gradualmente las visitas a sus seres queridos con demencia, no por una disminución del afecto, sino por una sensación de inutilidad. Cuando la comunicación verbal se vuelve imposible, algunos asumen que la persona ya no reconoce ni se beneficia de su presencia. Sin embargo, esta suposición es engañosa. La demencia disminuye el habla, pero no extingue los sentimientos. Los residentes continúan percibiendo señales emocionales a través de expresiones faciales, lenguaje corporal e incluso gestos sutiles como una mirada suavizada o una mano extendida.
El poder de la comunicación no verbal
La clave es comprender que el clima emocional está siendo registrado. Como señala un profesional de atención espiritual de Fraser Health, las personas con demencia captan “corrientes emocionales” incluso si no pueden seguir las conversaciones. Por lo tanto, el énfasis debería pasar de poner a prueba la memoria (“¿Te acuerdas de mí?”) a simplemente estar presente (“Estoy aquí contigo; estás a salvo”).
Una conexión final y sin palabras
Un poderoso ejemplo de esto proviene de la experiencia de un marido con su esposa durante las etapas finales de su demencia. A pesar de no poder hablar ni moverse con facilidad, ella le apretó la mano y sonrió cuando sonó la canción de su boda: una expresión clara y sin palabras de reconocimiento y amor.
Esto demuestra que incluso en ausencia de una respuesta verbal o física, una persona con demencia permanece presente y capaz de conectarse.
La lección es clara: asuma que siente sus emociones y ajuste sus interacciones en consecuencia. Priorice la presencia sobre el desempeño, la seguridad sobre las pruebas y el amor sobre las expectativas.
No se trata sólo de facilitar las visitas; se trata de reconocer la humanidad perdurable de alguien que vive con demencia. Su personalidad no desaparece hasta su último aliento, e incluso entonces, los ecos de sus sentimientos persisten.






















