Los jugadores competitivos siempre buscan una ventaja, y el último campo de batalla es la tecnología de sensores magnéticos en controladores y teclados. Los sensores de efecto Hall y los sensores de magnetorresistencia de túnel (TMR) están reemplazando rápidamente a los potenciómetros tradicionales para ofrecer controles más duraderos y precisos. Esto es fundamental porque la deriva del joystick (el temido movimiento no deseado de los joysticks analógicos) es una gran frustración para los jugadores. Ambas tecnologías evitan el contacto físico, principal culpable del desgaste del potenciómetro, pero difieren en cómo lo logran.

Cómo funcionan los sensores magnéticos

Los potenciómetros tradicionales dependen del contacto físico entre componentes, lo que inevitablemente provoca desgaste y deriva con el tiempo. Los sensores de efecto Hall resuelven esto midiendo los cambios de voltaje causados ​​por un imán que se mueve sobre un circuito de sensor. El imán nunca toca el sensor, lo que elimina la fricción y prolonga la vida útil.

Los sensores TMR adoptan un enfoque ligeramente diferente. Miden cambios en resistencia causados ​​por un campo magnético, en lugar de voltaje. Al igual que el efecto Hall, este diseño sin contacto evita el desgaste y la deriva. Puede encontrar una demostración de cómo funcionan los sensores TMR aquí.

Por qué es importante el cambio

El paso a sensores magnéticos no se trata sólo de longevidad. Se trata de precisión y confiabilidad. Los jugadores necesitan entradas consistentes y precisas, y los controladores tradicionales a menudo no dan resultados con el tiempo. Esta tendencia está impulsada por la creciente demanda de periféricos para juegos de alto rendimiento y el deseo de eliminar una fuente común de frustración para los jugadores.

TMR: ¿Una ventaja potencial?

Si bien ambas tecnologías resuelven el problema central de la deriva del bastón, los sensores TMR pueden ofrecer ventajas. Coto Technology, un fabricante de TMR, afirma que sus sensores son más sensibles, lo que permite imanes más pequeños o mayor precisión. Esto también se traduce en un menor consumo de energía. GameSir, por ejemplo, informa que sus joysticks TMR utilizan aproximadamente una décima parte de la potencia de los modelos de efecto Hall comparables. Cherry también destaca la eficiencia energética del TMR en interruptores de teclado.

Este ahorro de energía es particularmente relevante para los controladores inalámbricos. Wolverine V3 Pro de Razer lo demuestra: la versión de efecto Hall ofrece 20 horas de duración de la batería, mientras que la variante TMR afirma 36 horas con la misma capacidad de batería. El mayor tiempo de ejecución podría ser una ventaja significativa para los jugadores serios.

Costo y disponibilidad

A pesar de los posibles beneficios, el coste de los sensores TMR fue inicialmente una preocupación. Sin embargo, la brecha de precios se ha reducido. Los controladores Wolverine V3 Pro de Razer, disponibles en versiones de efecto Hall y TMR, se venden por $199. Existen opciones asequibles, con 8BitDo y GameSir integrando TMR en controladores como Ultimate 2, G7 Pro y Cyclone 2.

Más allá del sensor: advertencias sobre la durabilidad

Es importante tener en cuenta que ni siquiera los sensores de efecto Hall y TMR son una solución milagrosa. El conjunto del joystick en sí (el anillo, el material de la palanca, los resortes y los varillajes) aún puede degradarse con el tiempo. Las empuñaduras de goma desgastadas, los resortes flojos o la acumulación de polvo pueden afectar el rendimiento. Si bien el sensor puede seguir siendo preciso, los componentes circundantes pueden afectar la usabilidad.

En conclusión, los sensores TMR parecen ofrecer ventajas tangibles sobre el efecto Hall, particularmente en la eficiencia energética de los controladores inalámbricos. La diferencia de precio es insignificante, lo que los convierte en una opción atractiva para los jugadores que buscan la experiencia más duradera y con mayor capacidad de respuesta. Sin embargo, los jugadores aún deben considerar la calidad general de construcción del controlador para garantizar la confiabilidad a largo plazo.