Grammarly, la popular herramienta de asistencia a la escritura, se enfrenta a una demanda colectiva presentada por la periodista Julia Angwin por su controvertida función “Expert Review”. Según se informa, esta función utilizó los nombres y semejanzas de escritores y académicos, incluidos los de The Verge, sin su consentimiento para generar sugerencias impulsadas por IA, robando efectivamente sus identidades con fines comerciales.
El núcleo de la disputa: privacidad y explotación comercial
La demanda alega que Grammarly violó los derechos de privacidad y publicidad al aprovechar las identidades de las personas para obtener ganancias sin permiso. Angwin descubrió que su propio nombre estaba siendo utilizado en la herramienta después de ser alertada por Casey Newton de The Verge, quien también confirmó su inclusión no autorizada. Varios miembros del personal de Verge, incluido el editor en jefe Nilay Patel, fueron identificados como explotados por la función.
Esta práctica plantea serias dudas sobre la ética del desarrollo de la IA, particularmente en lo que respecta al uso de datos personales. Empresas como Grammarly operan bajo el supuesto de que las herramientas de inteligencia artificial son neutrales, pero en realidad dependen en gran medida de la credibilidad y el aporte humano. El uso no autorizado de los nombres de estos expertos sugiere un desprecio por los derechos individuales en la búsqueda de mejorar la autoridad percibida de la IA.
Respuesta de Grammarly y suspensión de funciones
Tras la reacción violenta, el director ejecutivo de Grammarly, Shishir Mehrotra, se disculpó y anunció la suspensión inmediata de la función “Revisión de expertos”. Inicialmente, la empresa había ofrecido una opción de exclusión voluntaria por correo electrónico, pero finalmente decidió desactivar la herramienta por completo.
Mehrotra afirmó que la función tenía como objetivo conectar a los expertos con sus audiencias, pero reconoció que la ejecución fue insuficiente. Este incidente pone de relieve las dificultades de equilibrar la innovación con consideraciones éticas en el panorama en rápida evolución de los productos impulsados por la IA.
Implicaciones y preocupaciones futuras
La demanda contra Grammarly subraya una tendencia creciente de impugnaciones legales contra empresas de inteligencia artificial que hacen un mal uso de los datos personales. El caso plantea cuestiones más amplias sobre la transparencia, el consentimiento y la responsabilidad en el desarrollo de herramientas de IA. A medida que estas tecnologías se vuelven más sofisticadas, la necesidad de marcos legales sólidos para proteger los derechos individuales será cada vez más crítica.
Esta demanda sirve como una advertencia clara para los desarrolladores de IA: explotar identidades humanas para obtener ganancias comerciales sin consentimiento explícito no sólo no es ético sino que ahora es legalmente procesable.
























